De adentro hacia afuera (o el viaje al interior de una misma)


Bien dicen que hay una fecha en que a todos se nos rompió el alma y después de todo el dolor,  el llanto, los por qués, las no respuestas, empezamos a recoger las piezas para armar en rompecabezas.

Empieza el duelo y en cada persona es distinto, no hay una fórmula, no hay un camino a seguir, se aprende a reconocer las emociones, a sentirlas sin juzgar, a otorgar el perdón, pero también a perdonarse a si misma -que es la tarea más difícil y dolorosa en el camino. y a seguir avanzando. 

A casi un año de la transición de mi ex pareja con quien conviví un año y a quien agradezco desde el amor todo los bonitos recuerdos y también los sinsabores, el duelo ha sido para mi un intenso viaje al interior donde he podido conectar con algunas partes mías que no estaban resueltas, he podido voltear por fin a ver mi hermoso jardín sin estar viendo a los de enfrente, que eso para mí ha sido un paso importante. Valorarme. 

Volví a llorar después de mucho tiempo que me reprimí, estuve muchos días sin querer salir de la cama, de la casa, con toda la tristeza. Lloraba por lo ocurrido y lloraba por mí, porqué no sabía cómo iba a lidiar con todo.

 Era como si volviera a vivir todo lo ocurrido el año que compartí con él: de pronto podía observarlo sentado en la sala, o acompañándome a trabajar, porque debo decirlo no hubo día en que no lo hiciera. 

O en el super peleándonos por qué cosa comprar o cada noche que al abrazarme me decía que era su Koala, "Mi koala" . Por supuesto que también se reviven las discusiones, los problemas, las fallas... Vienen los "hubieras" y la culpa por lo que no pudo ser.  Era como si estuviera viviendo en dos planos, el pasado y el presente al mismo tiempo. 

Acudí con una psicóloga desde el momento de la ruptura y también me acompañó en una parte del duelo, pero sentía que faltaba algo, la parte espiritual, esa que me tuvo también sin querer salir, enojada y deprimida. 

Entonces una buena amiga me recomendó a Libia, mi tanatóloga. No puedo describir lo maravilloso que ha sido para mi sentirme acompañada por ella, comprendida, no confrontada, ideal para este momento de la vida. Con su orientación, sus consejos y mi voluntad he ido mejorando, poco a poco. A veces doy tres pasos, a veces retrocedo uno pero ahí vamos.

Y justo en esta parte del proceso, he tenido la oportunidad de conectar con personas que viven una situación similar. Y aunque ellas agradecen que yo las escuche, la verdad es que yo soy la agradecida, porque compartimos nuestro sentir. Nos sentimos escuchadas, nos hacemos fuertes.

He tenido una buena red de apoyo, mi familia y unos cuántos amigos, a quienes les agradezco infinitamente por no dejarme, por aguantar mil veces mis cosas, mis cambios de humor, mis tristezas; he descubierto que "hacernos las fuertes" a veces no funciona o no terminar los duelos tampoco, porque eso queda atorado en el alma y algún día tiene que salir.

Pero también he encontrado en la tranquilidad de la soledad la calma que tanto necesitaba desde hace tiempo, el descanso, la fuerza y la energía para salir adelante, además del trabajo, por el que me esfuerzo día a día para hacerlo mejor.

Hoy me encuentro con una pequeña gripe, como parte de los cambios bruscos de clima, pero tengo más conciencia, me estoy cuidando más, ya no tengo esa tristeza que tenía a inicio del año que derivó en una fuerte enfermedad. 

Ya estamos cuidando bien nuestro jardín interior, ya nos estamos queriendo un poquito más, porque creo, el cambio es de adentro hacia afuera. 

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